
Prensa Cosquín
Bajo una lluvia torrencial que no espantó a nadie y terminó de convertir la noche en leyenda, Soledad Pastorutti y Cazzu protagonizaron uno de los momentos más intensos y emotivos de Cosquín. Fue en la Plaza Próspero Molina, y no en cualquier contexto: el show aniversario por los 30 años de carrera de La Sole.
La lluvia caía sin tregua sobre la ciudad de Cosquín, pero nadie se movía. Algo estaba por pasar. El folklore abrió la puerta y dejó entrar al presente.
Antes de cantar, La Sole tomó el micrófono y puso contexto, sin vueltas:
“Se habla mucho de nuevas generaciones que están amando el folklore. Yo creo que esto siempre pasó, pero sí se agradece mucho cuando alguien que tiene mucha visibilidad empieza a mirar para adentro el país”. Y entonces anunció el momento: “Por eso quiero que reciban cariñosamente a una mujer que lo da siempre todo y que esta noche eligió esta canción para cantar conmigo. Cazzu está en este escenario”.
La ovación fue inmediata. Mojada, cerrada, genuina.
El intercambio fue tan humano como el clima.
—Bienvenida.
—Qué honor.
—¿Estás bien vos? ¿Ya estás perdiendo todo?
—Ya volamos todos, listo.
Risas. Nervios compartidos. “Rompí todo porque me puse nerviosa”, confesó Cazzu. Y Soledad, sin solemnidad impostada: “¿Cómo te vas a poner nerviosa vos si yo estoy más nerviosa que mucha gente que hay acá, bicho?”.
Dos mujeres, dos generaciones, un mismo escenario. “Qué lindo dos mujeres en este escenario”, dijo Soledad. “Wow”, respondió Cazzu, todavía emocionada.
Hubo agradecimientos sinceros, sin pose. “Gracias por estar acá, acompañándome”, dijo La Sole. “Estoy inmensamente agradecida con vos, muy feliz”, respondió Cazzu. Incluso hubo una dedicatoria íntima: la canción sería para la hermana de Cazzu, fan de Soledad desde chica. “Nos ha matado con tus canciones en casa”, contó. Beso al aire, sonrisa, complicidad.
Y entonces sí. “Cómo será” empezó a sonar bajo una lluvia que ya era parte del espectáculo. La interpretación fue contenida, respetuosa, profunda. No hubo cruces forzados ni búsqueda de impacto fácil: hubo escucha, emoción y verdad. El folklore no se defendió; se expresó. La música urbana no invadió; dialogó.
El público primero guardó silencio. Después explotó en aplausos.
En una noche pasada por agua y atravesada por la historia, Cosquín fue testigo de un momento que no se fabrica. Treinta años de carrera, una canción compartida y una plaza empapada que entendió todo: cuando el talento se encuentra sin prejuicios, la lluvia no molesta. Hace épica.




