El rosarino cerró una racha histórica de cinco shows agotados en el estadio de Villa Crespo con su «Sale el Sol Tour 2026». Entre versiones inéditas, clásicos reinventados y temas de su reciente «Shine», Fito Paez demostró por qué sigue siendo el artista más convocante del país.
Un lunes 29 de junio en Buenos Aires suele ser sinónimo de rutina, de frío invernal y de la pesadez de volver a la oficina. Sin embargo, ayer las calles de Villa Crespo desafiaron cualquier lógica climática o calendaria. Las filas de fans coparon Humboldt 450 para presenciar lo que ya no es solo un recital, sino un evento social ineludible. Fito Páez llegaba a su quinta noche consecutiva en el Movistar Arena, un logro monumental que se gestó tras agotar las cuatro fechas originales en tiempo récord.
Y el rosarino, fiel a su historia, estuvo a la altura de las circunstancias.
A esta altura de su carrera, Fito podría limitarse a pasear su gloria por los escenarios más cómodos. Pero su «Sale el Sol Tour 2026» fue concebido bajo otra filosofía: «una nueva etapa renovada, con versiones inéditas, arreglos precisos y un show pensado desde cero»
Desde que las luces bajaron y la banda tomó sus posiciones, la propuesta fue clara. No había nostalgia fácil ni tributo perezoso; había un artista revisitando su inmenso cancionero desde una perspectiva actual, madura y sorprendentemente vigorosa.
La noche arrancó con la contundencia de «Las fuerzas armadas del amor», tema que forma parte de su reciente material «Shine» demostrando que su pluma y su urgencia creativa siguen tan afiladas como en sus mejores años. El público, que había llenado el estadio un lunes por la noche, respondió de inmediato, entregado a cada palabra. El setlist fue un viaje cuidadosamente curado que incluyó joyas eternas como «11 y 6», la psicodelia de «Tráfico por Katmandú» y la siempre emotiva «Lejos en Berlín».
Las mejores fotos del quinto show de Fito Paez en el Movistar Arena
Fito, cómodo y lúcido, dirigió a su banda con la solidez de un veterano que conoce cada rincón de la emoción humana. Canciones como «Confiá» y el propio «Shine» se mezclaron con los himnos que todos fuimos a cantar a gritos, generando una atmósfera de comunión absoluta. Hubo momentos de recogimiento, donde el silencio del estadio solo era interrumpido por su piano, y otros de euforia descontrolada, donde el Movistar Arena tembló al unísono.
Lo que ocurre adentro del estadio cuando Fito toca es difícil de explicar para quien no lo vivió. En medio de un año complejo, sus letras funcionan como un refugio y un grito de esperanza. Cada coro coreado por miles de voces fue un recordatorio de que la música de Páez sigue siendo la banda de sonido transversal de varias generaciones de argentinos. No hay grieta, no hay edad, no hay clase social que resista el abrazo de sus clásicos.
Al caer la noche y sonar los últimos acordes, quedó la certeza de que este 29 de junio quedará en la historia grande de los recitales en Buenos Aires. Fito Páez no solo cumplió con una quinta fecha que parecía un imposible, sino que reafirmó su status. Con el «Sale el Sol Tour 2026» aún con fechas por delante en el país y el mundo, el rosarino sigue demostrando que, cuando él se sienta al piano, siempre, pero siempre, sale el sol.
Con entradas agotadas y una convocatoria multitudinaria, Los Decoradores volvieron a convertir al Teatro Flores en el epicentro de la mística redonda
Hay bandas que ofrecen recitales. Y hay otras que construyen rituales. Lo que viene haciendo La Kermesse Redonda desde hace años pertenece claramente al segundo grupo. Este fin de semana, el proyecto encabezado por exintegrantes de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota alcanzó una marca histórica: 50 shows en el Teatro Flores, uno de los escenarios que terminó convirtiéndose en su casa natural.
La celebración llegó en medio de un presente extraordinario. Las fechas anunciadas para el 29 y 30 de mayo agotaron localidades y volvieron a demostrar que la conexión entre La Kermesse y el público ricotero está lejos de apagarse. Al contrario: sigue creciendo generación tras generación.
La Kermesse Redonda: mucho más que una banda homenaje
Detrás de La Kermesse están nombres fundamentales en la historia de Los Redondos: Sergio Dawi, Semilla Bucciarelli, Tito Fargo y Hernán Aramberri. Lejos de construir una propuesta nostálgica, el grupo encontró una identidad propia basada en mantener vivo el espíritu de una obra que sigue atravesando décadas y públicos distintos.
Cada presentación funciona como una ceremonia colectiva donde las canciones recuperan fuerza, actualidad y sentido. No se trata solamente de tocar clásicos. Se trata de recrear una experiencia emocional que para miles de seguidores sigue siendo irreemplazable.
El Teatro Flores, un territorio ricotero
Con el paso de los años, el Teatro Flores se transformó en uno de los puntos de encuentro más importantes para el universo redondo. La relación entre el recinto y La Kermesse se fortaleció función tras función hasta convertir cada fecha en una cita obligada para los fanáticos.
Las imágenes que suelen repetirse en cada show son parte de una postal reconocible: banderas, remeras históricas, familias enteras compartiendo la misma pasión y un pogo que reúne a distintas generaciones bajo un mismo repertorio.
Esa mezcla quedó reflejada en múltiples crónicas y también en las redes sociales, donde los seguidores describen cada fecha como una experiencia colectiva que va mucho más allá del recital. Incluso en comunidades online vinculadas al rock nacional, muchos asistentes destacan el clima de encuentro y pertenencia que genera cada presentación de La Kermesse.
Un repertorio que atraviesa generaciones
La fuerza del proyecto también se sostiene en la riqueza del cancionero redondo. Temas como “Juguetes Perdidos”, “Todo un Palo”, “Un Poco de Amor Francés”, “La Bestia Pop”, “Mariposa Pontiac” o el inevitable cierre con “Ji Ji Ji” continúan funcionando como himnos capaces de movilizar a miles de personas.
Lejos de perder vigencia, esas canciones parecen encontrar nuevas lecturas en cada presentación. Y ahí aparece uno de los mayores logros de La Kermesse: convertir el legado de Los Redondos en una experiencia viva, dinámica y actual.
50 funciones y una historia que sigue creciendo
El número impresiona por sí solo. Alcanzar 50 shows en el Teatro Flores no representa únicamente una estadística; es la confirmación de un fenómeno cultural que mantiene intacta su capacidad de convocatoria.
Mientras gran parte de la industria musical gira alrededor de tendencias pasajeras, La Kermesse Redonda sigue construyendo algo mucho más difícil de sostener: una comunidad.
Por eso cada nueva fecha agotada no se vive como un logro comercial, sino como una reafirmación de pertenencia. El público no va solamente a escuchar canciones. Va a reencontrarse con una identidad, una historia y una forma particular de vivir el rock argentino.
A más de dos décadas del final de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, la llama sigue encendida. Y después de 50 noches en el Teatro Flores, La Kermesse dejó algo claro: el ritual todavía está lejos de terminar.
La cantante y compositora llevó a The Roxy las canciones de su álbum debut Attention Attentionen un show intenso, emocional y cargado de identidad propia. Entre temas originales, versiones sorprendentes y una puesta en escena magnética, Daniela Milagros demostró que atraviesa el mejor momento de su carrera.
Hay recitales que funcionan como una presentación y otros que marcan un antes y un después. Lo que ocurrió el 30 de mayo en The Roxy pertenece claramente al segundo grupo. Daniela Milagros subió al escenario para mostrar las canciones de Attention Attention, su disco debut, pero terminó entregando mucho más que eso: un espectáculo donde la intensidad emocional, la versatilidad musical y la conexión con el público se combinaron para confirmar el crecimiento de una artista que ya dejó atrás la etiqueta de promesa.
Desde los primeros minutos quedó claro que la propuesta iba más allá de una simple sucesión de canciones. La apertura con “Intro Attention” y “Attention” funcionó como una declaración de principios. Con una presencia escénica contundente y natural, Daniela tomó el control de la sala desde el primer acorde. La respuesta del público fue inmediata y la energía se mantuvo en ascenso durante toda la noche.
Uno de los grandes aciertos del show fue la construcción dinámica del repertorio. “Adrenalina” aportó potencia y tensión, mientras que “Papa Elisa” mostró una faceta artística capaz de dialogar con diferentes influencias sin perder identidad. Más adelante, “Fantasía” permitió explorar un clima más íntimo y emocional, con una interpretación vocal cargada de matices.
Un show donde la música fue protagonista
A lo largo de la presentación, Daniela Milagros dejó en evidencia una de sus principales fortalezas: su capacidad para moverse entre distintos instrumentos con absoluta naturalidad. Piano, keytar y una sólida banda de apoyo contribuyeron a darle profundidad a una propuesta sonora que nunca perdió intensidad.
En ese aspecto, también fue fundamental el trabajo de Rodrigo de Miguel, guitarrista, hermano y compañero creativo de la artista, cuya presencia resultó clave para sostener la estructura musical del espectáculo.
Versiones que encontraron una nueva identidad
Uno de los momentos más celebrados de la noche llegó con las reinterpretaciones de clásicos internacionales. “Psycho Killer” apareció renovada, con una impronta propia que evitó cualquier intento de imitación. Daniela logró apropiarse del espíritu de la canción y trasladarlo a su universo artístico.
La misma lógica se repitió con “Sweet Dreams” y “Ain’t No Other Man”, dos versiones que encontraron nuevos matices gracias a arreglos contemporáneos, sintetizadores y una producción orientada a potenciar el carácter escénico del show.
Por su parte, “Don’t Need Language” funcionó como un puente perfecto entre los momentos más introspectivos y aquellos orientados al baile, reafirmando la amplitud de recursos de la cantante.
El tramo final convirtió a The Roxy en una fiesta
La recta final encontró a Daniela Milagros desplegando toda su capacidad para conectar con el público. Los remixes de “Quiéreme”, “No No Esas” y “La Noche Boca Abajo” transformaron la sala en una verdadera pista de baile.
Las luces, la potencia del bajo y la entrega de la banda potenciaron un clima de celebración colectiva donde el público respondió sin reservas. Más que interpretar canciones, la artista condujo una experiencia compartida que terminó de consolidar la atmósfera especial de la noche.
Daniela Milagros y el presente de una nueva generación
El cierre con “Fuiste” y “Mi Loco” aportó el componente emocional necesario para bajar el telón. Fueron dos interpretaciones cargadas de sensibilidad que encontraron una respuesta inmediata en una audiencia que parecía no querer abandonar el recinto.
La presentación en The Roxy dejó una conclusión difícil de discutir: Daniela Milagros atraviesa un momento de consolidación artística. Con una identidad definida, una propuesta sonora propia y una presencia escénica cada vez más sólida, la artista continúa construyendo un camino que la posiciona entre los nombres más interesantes de la nueva escena argentina.
Attention Attention ya no es solamente el nombre de un álbum. Después de esta presentación, también representa una advertencia para quienes todavía no la tenían en el radar: Daniela Milagros llegó para quedarse.
En el marco del ‘Sale el Sol Tour’, el rosarino ofreció ante un Movistar sold out una propuesta dividida en dos actos: una despedida íntima y teatral de su disco conceptual 2025, seguida por una celebración masiva de sus grandes éxitos.
Había algo eléctrico en el aire del Movistar Arena, una tensión silenciosa que precede al trueno. No era solo la expectativa de ver a Fito Páez; era la sensación de presenciar el cierre de un capítulo vital. El rosarino subió al escenario no como un simple intérprete, sino como un narrador lúcido, cargando sobre sus hombros el peso de «Novela», su disco conceptual de 2025, listo para despedirlo antes de que el mundo musical girara hacia el nuevo horizonte de «Shine».
Pero lo que sorprendió primero fue la voz. En un momento donde muchos artistas arrastran las cuerdas vocales tras años de gira, Fito brillaba con una nitidez cristalina, proyectando cada sílaba con una potencia que parecía desafiar la física del estadio. Estaba en un punto cumbre, en ese raro instante donde la técnica se funde con la emoción pura y el cuerpo responde sin reservas al alma.
A las 21.30, cuando los focos cortaron la oscuridad y revelaron su figura, no hubo fanfarrias vacías. Solo una confesión íntima que resonó como un juramento: «Siempre me gustó tener una vida licenciosa». Y luego, la clave de la noche, dicha con la calma de quien sabe que está terminando una historia hermosa: «Me pareció hermoso poder contar una historia de amor: despidamos ‘Novela’, un cuento de amor en tiempos de pulsión de odio». Y así fue…
Foto: Guido Adler
Acto I: La Novela se cierra (El Set List Conceptual)
Tal como anticipó, la primera parte de la noche estuvo dedicada íntegramente a la despedida de “Novela”, que sonó completo por última vez. Fue una puesta integral —la misma que deslumbró en el Teatro El Círculo de Rosario en marzo— desarrollada por Max Rompo, donde Fito desplegó un imaginario teatral y desbordado, cargado de referencias a un circo multicolor y rockero. Las canciones dialogaron con las locuciones de Lorena Vega, cuya voz funcionó como hilo conductor de la obra, profundizando el carácter conceptual del repertorio.
La narrativa comenzó con fuerza desde el primer acorde. “Universidad Prix” abrió las compuertas de este universo onírico, estableciendo el tono académico pero surrealista de la historia. Inmediatamente, el corazón latió con “El Amor”, una balada que sentó las bases emocionales de la trama. La tensión subió con “Brujas Salem de Prix”, introduciendo elementos de misterio y fatalidad, seguidos por la dualidad oscura de “Maldivina y Turbialuz”, personajes que parecían salir de un sueño lúcido.
El ambiente se volvió nostálgico y campestre con “Cuando el circo llega al pueblo”, evocando la llegada de lo extraño a lo cotidiano, mientras que “Naná / La Siesta” ofreció un respiro íntimo, casi maternal, antes de sumergirse en la crudeza urbana de “Cruces de Gin en Sal”. La energía cambió bruscamente con el ritmo frenético de “Jimmy Jimmy”, seguida de la introspección solitaria de “Nobody Knows” y la vulnerabilidad expuesta en “Miss Understood”.
La violencia estética y romántica estalló con “Balas y Flores”, un clásico recontextualizado dentro de la novela, dando paso a la extrañeza cotidiana de “Superextraño” y la carga familiar de “Herencia”. La actuación alcanzó picos dramáticos con “Modo Carrie”, “Love is Falling Over My Heart” y la crítica social aguda de “Argentina es una Trampa”, temas que mostraron la faceta política y existencial del álbum.
La primera mitad culminó con una escalada emocional brutal: “Infierno en la Tierra” sacudió el arena, seguido por la liberación aérea de “El Vuelo” y la resignación moderna de “Aceptémoslo”. El clímax narrativo llegó con “El Último Apagón”, simbolizando el fin de una era, para luego resurgir con la esperanza de “El Triunfo del Amor” y la necesidad vital expresada en “Los Corazones Necesitan Amar”. La tragedia personal se pintó con “Julius Perdiéndolo Todo”, hasta que, finalmente, el horizonte se iluminó con “Sale el Sol” y “Esperanzas y Tormentas, cerrando el ciclo conceptual con una mezcla de optimismo y realismo desgarrador.
Acto II: El Sale el Sol Tour
Luego de ese primer acto profundamente narrativo y experimental, el show mutó hacia el espíritu celebratorio del “Sale el Sol Tour”. Con una puesta y visuales a cargo de Sergio Lacroix, Fito volvió al formato que lo convirtió en una de las figuras más trascendentes de la música popular argentina. Aquí, la experimentación cedió paso a la conexión pura, repasando más de una hora de clásicos fundamentales de su carrera.
“11 y 6”, “Mariposa Tecknicolor”, “Ciudad de pobres corazones”, “A rodar mi vida”, “Al lado del camino” y “Brillante sobre el mic” fueron algunas de las canciones que desataron la ovación permanente de un estadio que cantó cada palabra a una sola voz. Fue un ejercicio de memoria colectiva, reafirmando una vez más el vínculo único entre Fito Páez y su público, donde cada grito era un reconocimiento a décadas de historias compartidas.
La banda que acompañó a Fito en esta odisea musical estuvo integrada por Diego Olivero (bajo, guitarra, teclado y coros), Gastón Baremberg (batería), Juan Absatz (voz, teclados, guitarra y coros), Juani Agüero (guitarras y coros) y Emme (voz y coros). A ellos se sumó la sección de vientos conformada por Ervin Stutz (trompeta y flugelhorn), Alejo von der Pahlen (saxo alto y tenor) y Santiago Benítez (trombón), quienes aportaron capas de riqueza sonora tanto en la parte conceptual como en los hits.
Brillante, intenso y emocional, Fito volvió a demostrar arriba del escenario su enorme capacidad para reinventarse sin perder identidad: un artista capaz de convivir entre la experimentación estética y el cancionero popular más inoxidable. Con cuatro Movistar Arena agotados y una convocatoria que no deja de crecer, ya se encuentra a la venta una nueva y quinta función en Buenos Aires, programada para el lunes 29 de junio. De esta manera, el “Sale el Sol Tour” continúa expandiéndose mientras Páez se prepara para un nuevo capítulo artístico con el lanzamiento de “Shine”, dejando atrás “Novela” no como un final, sino como un prólogo glorioso.
FOTOS DE SOFÍA BRAVO
Fito y los silbidos
Fito Páez lo había anunciado apenas un día antes en sus redes: tocaría por primera vez completo “Novela” en Buenos Aires, como previa al lanzamiento de su nuevo álbum, “Shine”. La decisión, según contó el propio músico, generó “panic attack general” en su equipo, aunque finalmente avanzó con la idea de hacer una primera parte dedicada íntegramente al disco y luego un tramo de clásicos.
Durante la interpretación de “Novela”, parte del público siguió el show con cierta distancia, entre recorridas por el sector gastronómico y la expectativa por escuchar canciones más conocidas. Con el correr de los minutos, el clima comenzó a tensarse y, antes del último tema, se escucharon algunos silbidos desde las plateas frente al escenario.
Tras un intervalo, Fito regresó junto a su banda y retomó el concierto con clásicos como “El amor después del amor”. Sin embargo, todavía atento a la reacción de una parte del público, desafió desde el escenario a quienes habían silbado: “¿Tenían ganas de cantar allá? No te escucho… Canten más fuerte, man”, lanzó durante la canción, en un cruce que marcó uno de los momentos más comentados de la noche.
Hay noches que funcionan como postal. Otras, como declaración. La de Q’Lokura en el Movistar Arena fue las dos cosas: una síntesis de presente y, al mismo tiempo, un anticipo cargado de sentido de lo que viene. Con entradas agotadas y más de tres horas de música sin tregua, el dúo cordobés volvió a convertir el estadio en un cuerpo único, vibrando al ritmo de un repertorio que ya no distingue entre hit, clásico o versión: todo entra en esa lógica arrolladora que ellos manejan como pocos.
Nicolás Sattler y Facundo “El Chino” Herrera no dan respiro. Su show no se piensa en canciones sueltas, sino en bloques que se encadenan como si fueran una sola pieza larga, mutante, donde cada cambio de tempo es un golpe directo al ánimo del público. La pista nunca baja. El pulso no se corta. Y ahí está la clave: Q’Lokura no toca, arrastra.
Desde el arranque, el Movistar Arena fue una marea en movimiento. “Mil noches”, “Un siglo sin ti”, “Qué hacer para verte”, “Te pido de rodillas”, “Dime tú”, “Tattoo”, “A un milímetro”, “Bailando bachata”. No hubo jerarquías: cada tema encontró su lugar en una narrativa que mezcló romanticismo, desgarro y celebración con una naturalidad desarmante.
INVITADOS QUE NO SUMAN, TRANSFORMAN
La primera puerta se abrió con el baladista Thian, que se subió temprano para “Me perdí”. No fue un cameo: fue una señal. La noche iba a moverse en capas, sumando voces que no interrumpen, sino que expanden.
Después llegó el primer quiebre emocional. Dalila subió para “Dejémoslo así” y lo que pasó excedió la canción. La interpretación fue tan cargada que terminó en llanto, en vivo, frente a un estadio que dejó de cantar para mirar. Un silencio lleno de respeto, de esos que no se ensayan.
Con Nahuel Pennisi, el clima volvió a mutar. “Universo paralelo” se volvió otra cosa: más profunda, más oscura, más intensa. Un momento de esos que quedan suspendidos, como si el tiempo se estirara un poco más de lo habitual. Nahuel, a solas con su guitarra, encontró en Nico un sostén. Hasta ahí, el Movistar había sido una pista en ebullición; en ese instante, todo se detuvo. El baile cedió lugar a un silencio cargado, y la noche cambió de pulso por un momento.
Y cuando parecía que ya estaba todo dicho, apareció El Bahiano para torcer el mapa. “Sin cadenas”, “Pupilas lejanas” y “Nada que perder” en versión cuarteto no fueron un guiño: fueron una relectura. Reggae y Córdoba cruzándose sin pedir permiso.
La curva siguió creciendo con Coti, que metió dos bombas transversales: “Nada de esto fue un error” y “Antes de ver el sol”. Ahí el Arena explotó en modo karaoke masivo, demostrando que Q’Lokura entiende algo clave: el cuarteto hoy dialoga con todo.
También hubo lugar para Cristian Herrera, sumando raíz folklórica a una noche que no tuvo miedo de mezclar territorios.
EL SHOW COMO EXPERIENCIA TOTAL
Lo que sostiene a Q’ Lokura no es solo el repertorio. Es la dinámica. Esa forma de construir un vivo donde todo está en movimiento constante: luces, pantallas, músicos, cantantes, público. No hay meseta. No hay pausa larga. Todo empuja hacia adelante.
Las “sessions”, los enganchados, las versiones y los climas están pensados para que el espectador no salga nunca de la experiencia. No es casual que más de tres horas pasen sin sensación de desgaste. El show está diseñado como un viaje con picos, pero sin caídas.
LA DÉCIMA DE Q´ LOKURA YA ESTÁ EN EL AIRE
Pero hay algo más flotando. Algo que atraviesa todo lo que pasó: la idea de la décima. El próximo Movistar Arena, en junio, no es una fecha más. Es un número cargado de peso simbólico en la cultura argentina. La “diez” no se explica: se siente.
Q’ Lokura llega a ese punto en un momento de expansión total. Convocatoria masiva, identidad definida y una capacidad poco común para reinventar su propio formato sin perder esencia. Este último sold out no fue solo una confirmación. Fue una plataforma.
Lo que viene no apunta a repetir la fórmula, sino a llevarla más lejos. Nueva puesta, invitados, recorrido emocional. Todo indica que ese décimo Arena va a ser leído como un antes y un después, tanto para la banda como para su público.
Porque si algo dejó claro esta noche es que Q’ Lokura ya no está en etapa de promesa. Está en fase de consolidación. Y cuando una banda llega ahí, cada show deja de ser solo un recital.
La mística ricotera volvió a latir con fuerza. La Kermesse Redonda se presentó en el clásico Teatro Flores con un show cargado de nostalgia, potencia y una conexión intacta con el público, que convirtió la noche en una verdadera ceremonia del rock nacional.
Actualmente la formación incluye como miembros estables a Sergio Dawi (saxo), Tito Fargo (guitarra), “Semilla” Bucciarelli (bajo), Hernán Aramberri (batería), Jorge Cabrera (voz), Oscar Kamienomosky (2da. guitarra) y Mariano Pirato (teclado y voz).
Desde temprano, los alrededores del teatro comenzaron a poblarse de fanáticos con remeras emblemáticas, banderas y ese ritual previo que identifica a los seguidores de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. No se trataba de un recital más: era un reencuentro con canciones que marcaron generaciones y que siguen vigentes en el ADN cultural argentino.
Las fotos de La Kermesse Redonda
FOTOS DE IVÁN ACOSTA
Una misa ricotera en Flores
Con una puesta en escena sólida y un sonido contundente, Kermesse Redonda repasó un repertorio que incluyó clásicos inoxidables como “Ji ji ji”, “Un poco de amor francés”, “La bestia pop” y “Juguetes perdidos”. Cada tema fue coreado de principio a fin por un público que no dejó de saltar, cantar y emocionarse durante toda la noche.
El espíritu de Indio Solari y Skay Beilinson estuvo presente en cada acorde, en cada pogo y en cada mirada cómplice entre los asistentes. La banda logró capturar esa esencia cruda, visceral y poética que convirtió a Los Redondos en un fenómeno irrepetible dentro del rock argentino.
Una experiencia que trasciende generaciones
Uno de los puntos más destacados del show fue la diversidad del público. Desde históricos seguidores que vivieron la época dorada de la banda original hasta jóvenes que descubrieron su música años después, todos compartieron el mismo sentimiento de pertenencia.
La Kermesse Redonda no solo interpreta canciones: recrea una experiencia. El despliegue visual, la energía en el escenario y la fidelidad sonora construyen un puente entre el pasado y el presente, manteniendo viva una obra que sigue creciendo con el paso del tiempo.
El legado que no se apaga
A pesar de los años y de la ausencia de Los Redondos en los escenarios, su legado permanece más vigente que nunca. Shows como el de Kermesse Redonda en el Teatro Flores demuestran que el fenómeno ricotero está lejos de apagarse.
En tiempos donde la música se consume de manera inmediata, la permanencia de este repertorio habla de una profundidad artística que trasciende modas. La noche en Flores fue una prueba más de que el espíritu redondo no entiende de finales, sino de transformaciones.
Con un cierre explosivo y un público rendido a sus pies, la banda dejó en claro que la llama sigue encendida. Porque si algo quedó claro en esta nueva presentación, es que el ritual ricotero sigue más vivo que nunca.
La banda de Mataderos cerró sus dos noches en el sur porteño con La Mississippi como telonero, más de 80.000 personas y un set list que recorrió toda su historia.
Hubo un tiempo en que ver a La Renga en la ciudad era casi una utopía. La banda de Chizzo, Tete y Tanque había desarrollado una relación complicada con los espacios porteños: sin estadios que pudieran contener a su gente de manera segura y ordenada, el peregrinaje a La Plata, Rosario o el interior del país se convirtió en parte del ritual. Hasta que Huracán abrió sus puertas en 2017, y todo cambió.
Este 2026, sin embargo, un imprevisto volvió a poner a prueba esa relación. El derrumbe de un edificio en el complejo «Estación Buenos Aires» de Parque Patricios, a cuatro cuadras del estadio Tomás Adolfo Ducó, obligó a la banda a buscar un nuevo predio. La respuesta fue el Parque de la Ciudad, en Villa Lugano —prácticamente la esquina del barrio donde Chizzo creció—, y el show del sábado 4 de abril fue la segunda y última fecha de un ciclo que ya pasará a los libros del rock argentino.
La Mississippi abre el banquete
Antes de que Chizzo pisara el escenario, fue turno de La Mississippi. Los referentes indiscutidos del blues local pusieron el cuerpo durante casi una hora, con su mezcla inconfundible de groove, garra y sentimiento. Para una audiencia que mayoritariamente llegó horas antes para conseguir lugar, la Mississippi no fue un trámite: fue el encendido lento que cualquier buen show necesita. Cuando terminaron, el predio ya tenía temperatura.
PH: IVÁN ACOSTA
La apertura: «Buena Ruta Hermano» y punto de no retorno
Minutos después de las 21:30, las luces se apagaron. El murmullo de más de 40.000 personas se convirtió en un rugido cuando los cuatro integrantes de La Renga —Gustavo «Chizzo» Nápoli, Gabriel «Tete» Iglesias, Jorge «Tanque» Iglesias y Manu Varela— tomaron sus posiciones.
«Buena Ruta Hermano» fue el primer tema, y con ese acorde inicial quedó claro que la noche no iba a tener pausa. El tema, parte del material más reciente de la banda, funciona ya como un himno de apertura: convoca, une y dispara el pogo antes de que pase un minuto. La multitud, que incluyó familias enteras, grupos de amigos de todas las edades y fieles que viajaron desde el interior del país, respondió desde el primer segundo.
El set list: un recorrido de más de 30 temas
La Renga desplegó un repertorio extenso y cuidadosamente construido. Más de treinta canciones que abarcaron desde los primeros discos hasta el material más reciente, con apenas dos temas nuevos integrados —algo que, lejos de decepcionar, confirmó que el núcleo duro del catálogo sigue siendo imbatible en vivo.
Entre los temas que sonaron:
Buena Ruta Hermano
Buena Pipa
Tripa y Corazón
Detonador de Sueños
A la Carga Mi Rocanrol
Al Que He Sangrado
Hay un Tirano que es para Vos
Motoralmaisangre
Ese Lugar de Ninguna Parte
Corazón Fugitivo
Parece un Caso Perdido
Poder
Algún Rayo
La Vida, las Mismas Calles
Vende Patria Clon
El Twist del Pibe
Miralos
Ser Yo
Triste Canción de Amor
El Viento que Todo Empuja
El Revelde
Panic Show
El Final es en Donde Partí
Hablando de la Libertad
La seguidilla de «Poder», «Algún Rayo» y «La Vida, las Mismas Calles» fue uno de los momentos de mayor intensidad de la noche: tres temas que se encadenan como vagones de un tren que no tiene intención de frenar, con el pogo creciendo en cada compás.
Los momentos que definieron la noche
La pausa de Chizzo
En el show del jueves, Chizzo había hecho una pausa en el 2 de abril para hablar sobre Malvinas y la soberanía. El sábado, la fecha cargaba con el peso de cerrar una semana que había resultado histórica por razones que iban más allá de la música. La banda lo sabe, y sabe usarlo: esa capacidad de detener la máquina, decir algo que importa y volver a encenderla con más fuerza es parte del ADN de La Renga.
El cierre
El final llegó con una secuencia que la banda maneja como pocos: «El Revelde», «Panic Show» y «El Final es en Donde Partí» funcionaron como los últimos escalones antes del desenlace. Y el desenlace, siempre, es colectivo: «Hablando de la Libertad» sonó con 80.000 gargantas como si el predio pudiera escucharse desde Mataderos.
Por qué estas dos noches importan
El ciclo que La Renga cerró este fin de semana en el Parque de la Ciudad no es solo la suma de dos shows masivos. Es la confirmación de varias cosas a la vez.
Primero, que la banda sigue siendo la más convocante del rock argentino sin radio, sin Spotify como motor y sin el circuito mainstream de por medio. Más de 80.000 personas entre los dos shows lo dicen sin necesidad de más argumentos.
Segundo, que el sur de la ciudad —Villa Lugano, Soldati, Mataderos— puede ser escenario de los shows más grandes del año. El Parque de la Ciudad demostró que tiene la capacidad y la identidad para recibir a La Renga de una manera que, paradójicamente, casi les queda más cómoda que Huracán.
Tercero, y quizás lo más importante: que la relación entre La Renga y su público es de las pocas que resiste el paso del tiempo, los cambios de sede, los imprevistos y los años. Esa lealtad que se transmite de generación en generación —papás con hijos, amigos de toda la vida, adolescentes que llegaron por primera vez al Banquete— es lo que ningún algoritmo puede fabricar.
Lo que viene
Estas dos fechas en Buenos Aires son, según informó la banda, la antesala de una nueva gira internacional. En mayo, La Renga recorrerá Barcelona, Berlín, Copenhague y Tenerife, una continuación de la proyección global que la banda viene consolidando desde las presentaciones en Mallorca, Nápoles y Madrid en 2024, material que quedó registrado en el álbum en vivo «Solo hace falta un mundo para dar una vuelta» (2025).
Para los que estuvieron: gracias por el Banquete. Para los que no pudieron: ya saben dónde buscarlos.
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La Vela Puerca volvió a confirmar por qué es una de las bandas más queridas del rock rioplatense. Los días 10 y 11 de febrero, el grupo uruguayo se presentó con dos funciones sold out en el Ciudad Cultural Konex, reafirmando su vínculo histórico con el público porteño y consolidando al Patio del Konex como uno de los clásicos del verano en Buenos Aires.
Dos noches agotadas en Buenos Aires y un festejo que no se detiene para La Vela Puerca
Luego de su potente paso por el Estadio Ferro, la expectativa por estos shows era alta, y la respuesta fue inmediata: entradas agotadas en ambas fechas. El regreso al Konex se inscribe dentro del extenso recorrido de conciertos que La Vela Puerca viene realizando para celebrar sus 30 años de trayectoria, un aniversario que se vive arriba del escenario y de cara a la gente.
Ambas noches ofrecieron un repertorio amplio y transversal, recorriendo distintas etapas de su discografía. Clásicos infalibles, canciones más recientes y una energía que confirma que la banda no vive de la nostalgia: vive del presente. Dos shows consecutivos que funcionaron como capítulos de un festejo en movimiento, que sigue creciendo fecha tras fecha.
La Vela Puerca en 2026: presente activo y comunión con el público
La celebración no se limita a Buenos Aires. En paralelo a su paso por la ciudad, La Vela Puerca sigue sumando hitos a este aniversario histórico. El 29 de enero, la banda se presentó en el festival Canelones Suena Bien, en Atlántida, frente a más de 60.000 personas, en un escenario natural junto al mar que ya es parte de la memoria colectiva del festival.
El show en el Konex se suma así a una serie de escenarios emblemáticos que acompañan esta celebración, consolidando la continuidad del proyecto y su presencia sostenida dentro del rock latinoamericano.
Más que un aniversario: un sentimiento que se hereda
Las dos noches en el Konex estuvieron atravesadas por la emoción, el pogo compartido y una comunión total con el público. Treinta años después, La Vela Puerca demuestra que no se trata solo de una carrera musical, sino de un sentimiento que pasa de generación en generación. Sin solemnidad, sin poses: rock, fiesta y convicción.
Vuelve la gira barrial: próximas fechas en Buenos Aires y el exterior
El festejo continúa. Durante el mes de marzo, la banda volverá a Buenos Aires para reencontrarse cara a cara con su gente en una gira barrial que promete cercanía, intensidad y celebración pura.
Próximos shows de La Vela Puerca:
14 de febrero: Cosquín Rock – Córdoba, Argentina
5 de marzo: Auditorio Sur – Provincia de Buenos Aires, Argentina
8 de marzo: Auditorio Oeste – Provincia de Buenos Aires, Argentina
12 de marzo: Teatro Flores – Buenos Aires, Argentina
22 de mayo: Festival Argentina V – Malaga Forum, Málaga, España
23 de mayo: Festival Argentina V – Poble Espanyol, Barcelona, España
24 de mayo: Festival Argentina V – Auto Cine, Madrid, España
Treinta años después, La Vela Puerca sigue haciendo lo que mejor sabe: tocar, celebrar y sobrevivir. Y el público, feliz de acompañar. Sin vueltas. Sin fecha de vencimiento.
Juanse volvió a pisar el Teatro Florescomo se hace con los escenarios que importan: sin pedir permiso y con el rock por delante. El histórico frontman de Ratones Paranoicos ofreció un show intenso, filoso y sostenido en un set list demoledor.
Nada de nostalgia edulcorada ni gestos para la tribuna. Juanse salió a tocar rock and roll, con un repertorio pensado para mantener el pulso alto durante toda la noche.
El set list al piso: una hoja de ruta sin maquillaje
La imagen es clara y potente: el set list apoyado en el suelo del escenario, a la vista, sin pantallas ni teleprompter. Canciones anotadas, ordenadas, decididas. Ahí estaban “Sucia Estrella” y “Damas Negras”, marcando desde el arranque que la noche no iba a ser tibia.
El recorrido siguió con “Solo una vez más” y “Energía”, dos temas que funcionan como motor emocional del show, antes de meterse de lleno en terrenos más ásperos con “Rock del Pedazo” y “Nada voy a dar”, ejecutados con nervio y convicción.
FOTOS DE SOFÍA BRAVO
Flores entendió el mensaje
El público del Teatro Flores respondió desde el primer acorde. No hubo que explicar nada: ese público entiende el código. “Pesado Burdel” y “La esquina del sol” encontraron una recepción inmediata, con la sala ya completamente encendida.
El show avanzó sin fisuras con “Rock del Gato”, “Cowboy” y “La Nave”, en una seguidilla que sostuvo la intensidad y confirmó que el repertorio estaba pensado para no aflojar nunca.
Un repertorio que no negocia identidad
Lejos de armar un show desordenado, Juanse apostó por una estructura sólida, donde cada canción cumple un rol. “Enlace” y “Una noche no hace mal” aportaron aire sin bajar la tensión, mientras que “Ya morí” y “El Centauro” devolvieron el filo justo cuando hacía falta.
El set list dejó claro que Juanse no vive del recuerdo, sino de una identidad que sigue vigente. No hay impostación ni nostalgia vacía: hay canciones tocadas desde el presente.
El tramo final: rock sin anestesia
La recta final del show fue directamente al hueso. “Rock de la calle” y “Destruida Roll” sonaron con crudeza, seguidas por “Sigue girando”, que funcionó como punto de comunión total con el público.
El clima ya estaba arriba cuando apareció “Ruta 66”, uno de esos momentos donde el Teatro Flores se transforma en un bloque compacto de gente cantando, saltando y acompañando sin fisuras.
Libertad, cierre y mensaje
El tramo final incluyó “A dónde está la libertad” y “Para siempre”, elegida para cerrar una noche que no necesitó fuegos artificiales ni discursos grandilocuentes.
Juanse se despidió como llegó: con rock, con actitud y con canciones que siguen funcionando porque no están pensadas para la moda del momento, sino para durar.
A días de iniciar una nueva etapa en vivo con dos presentaciones en el Estadio Vélez Sarsfield, Milo Jdecidió regalarle a su público un gesto tan inesperado como emotivo: un ensayo abierto en Niceto, el mismo escenario donde dio su primer gran show en Buenos Aires. El encuentro fue una celebración íntima y poderosa, un espacio sin filtros en el que artista y fans compartieron música, emoción y un ida y vuelta tan genuino que marcó el clima de la tarde desde el primer acorde.
Fotos de Sofía Bravo
Durante más de una hora, Milo J recorrió canciones nuevas y ya clásicas de su repertorio, dando un adelanto del universo que desplegará el 18 y 19 de diciembre en Vélez. En el setlist sonaron temas de La vida era más corta, su reciente álbum, como “Solifican12”, “Ama de mi sol”, “Lucía”, “MmmM”, “Llora llora”, “Recordé”, “Niño” y “Luciérnagas”, entre otros, además de composiciones que lo acompañaron en su crecimiento artístico.
Uno de los momentos más significativos del encuentro fue la decisión del artista de abrir completamente su proceso creativo. Milo J invitó a sus seguidores a vivir desde adentro algo que casi nunca se muestra: la intimidad del ensayo, los ajustes, las búsquedas y la forma en que cada canción encuentra su lugar. Esa transparencia convirtió el evento en un ritual compartido, donde el público no solo miró un show, sino que participó activamente en la construcción de esta nueva etapa.
Video: Sofía Bravo
La respuesta de la gente fue inmediata. El público cantó cada tema a los gritos, acompañó cada cambio de clima y sostuvo una energía que inundó la sala de principio a fin. Hubo miradas cómplices, sonrisas, emoción y un vínculo que confirmó por qué Milo J se convirtió en una de las voces más representativas de su generación. La conexión fue total y convirtió el ensayo en un momento único, de esos que se guardan para siempre.
Este encuentro íntimo funciona también como anticipo de sus dos recitales en Vélez, donde presentará La vida era más corta, un álbum que combina raíces folklóricas, tango, cantos populares y sonoridades contemporáneas, y recorrerá su camino musical a través de los discos 511, EDSM, 111, 166 y Retirada. Será su espectáculo más grande hasta la fecha y marcará un nuevo capítulo en una carrera que crece a un ritmo vertiginoso.
Video: Sofía Bravo
Las entradas para la función del 19 de diciembre continúan disponibles en www.enigmatickets.com, con todos los medios de pago y la posibilidad de acceder a 6 cuotas sin interés con tarjetas Santander American Express mediante la app de Santander o Modo.
Con un origen que lo vincula a Morón y un presente que lo encuentra llenando estadios en Latinoamérica y Europa, Milo J sigue demostrando que su música es un territorio de identidad, emoción y pertenencia. Su autenticidad —esa mezcla de sensibilidad, raíz y modernidad— es la que lo posiciona como una figura clave del presente de la música argentina.
Video: Sofía Bravo
La historia de Milo J
Camilo Joaquín Villarruel, artísticamente conocido como Milo J, es un artista incomparable que deja insuficiente la palabra meteórica para describir su carrera. Alcanzó éxitos y colaboraciones con referentes que trascendieron generaciones y forman parte de nuestra identidad cultural. Fue tapa de Rolling Stone, un reconocimiento que lo posiciona como una de las voces más influyentes de la nueva escena. Además, se desempeña como director creativo de FA y es el creador de FAlklore, un innovador formato que reunió a artistas del género argentino y logró llenar el Movistar Arena y sacar un disco.
Su historia comienza el 25 de octubre de 2006 en el barrio San José de Morón, Provincia de Buenos Aires. El tercero de los cuatro hijos de Aldana Ríos comenzó a explorar la música entre sus 8 y 9 años junto a su hermana mayor, Alma. Componiendo y compitiendo en batallas de freestyle desde los 11 años. En su casa se escuchaban temas de folklore argentino, intercalados con el punk y el rock del momento, el rap y el hip hop. Son los géneros que más lo han influenciado y se asoman en su música. Pero también ha explorado corridos tumbados, baladas y ritmos tropicales. Su precisión y lírica que se debate entre la calle y la poesía lo han llevado a cumplir metas ambiciosas durante décadas de carreras por otros artistas.
Milo J entró a su primer estudio de grabación a los 13 años y comenzó a difundir sus canciones en 2021 desde su comunidad Bajo West. La confianza y la admiración de sus amigos lo habían llevado hasta ahí. En agosto de 2022, lanzó “Milagrosa”, una canción que se volvió viral en TikTok y consolidó su nombre dentro de la escena urbana Argentina, pero fue “Rara Vez”, la que demostró en 2023 que no se trataba de suerte. Ese mismo año, estrenó su EP debut “511” (abril 2023), con temas como “FLA” y “Al Borde”. En octubre de ese año lanzó “En Dormir sin Madrid”, un EP colaborativo con Bizarrap que incluía la icónica BZRP Music Sessions, Vol. 57 y exploró otros géneros del trap latino, hip hop y música urbana.
El mismo se posicionó en el top charts de países como España, alcanzando #31 en el Billboard Global 200. Siendo la primera vez que Bizarrap lanzaba un EP junto a un artista. Un mes después estaría lanzando “111”, su primer álbum de estudio, con colaboraciones como Yahritza y Su Esencia, Peso Pluma, Yami Safdie y Nicki Nicole, con quien hoy comparte un vínculo de hermandad artística. De hecho, su anterior colaboración, “Dispara***”, con esta última artista Argentina, lo convirtió a sus 16 años en el artista más joven en ser nominado a los Latin Grammy. Donde, durante la presentación de las tres sesiones más icónicas de Bizarrap, irrumpió en escena con una de sus canciones “Hoy me voy al sol” junto a la clásica murga uruguaya Agarrate Catalina.
En 2024, su ascenso siguió: ganó el primer Premio Gardel a Mejor Nuevo Artista de su carrera, y su colaboración “Fruto” con Bizarrap obtuvo el Gardel a Mejor canción urbana. También fue nominado a los Heat Latin Music Awards (Mejor artista Región Sur), Premios Lo Nuestro (Artista revelación masculino) y Premios Juventud.
El 11 de julio de 2024, Milo J lanzó su segundo álbum de estudio 166, un homenaje a la Línea 166 del transporte público que atraviesa Morón, símbolo íntimo de su recorrido personal. El disco cuenta con 12 canciones, con colaboraciones como Morad, CRTrap y Kelo Ke, el disco fue acompañado por videoclips para cada canción y cuenta su historia de principio a fin.
El deluxe titulado “166 (deluxe) Retirada” vió la luz el 12 de febrero de 2025, con 20 canciones y colaboraciones adicionales como Cerounno, Munic HB, Bhavi y TINI.
El 25 de octubre de 2024, festejó su cumpleaños número 18 ofreciendo un concierto sold-out en el Estadio Nuevo Francisco Urbano de Morón, con más de 30 mil espectadores y la participación de figuras como Nito Mestre, Joaquín Levinton (Turf), Bizarrap, Nicki Nicole, YSY A, Khea, Neo Pistea, Bhavi y Agarrate Catalina. La grabación se publicó en YouTube/Spotify como el álbum en vivo 18 (En Vivo Estadio de Morón) y también recibió nominación a “Mejor videoclip largo”.
En enero de 2025, apenas tres años después de su debut en YouTube, agotó el Palau Sant Jordi (Barcelona), una hazaña pocas veces vista. Poco después, se presentó en el Palacio de los Deportes de Madrid con su álbum 166, junto a su hermano Santino interpretando “Tus Vueltas”; esa misma noche sorprendió a sus fans con un nuevo sencillo junto a TINI (“Lo que me causa”), demostrando su conexión con el público.