
Muerdo vuelve a cruzar el charco. Y no es una visita más. El cantautor español regresa a la Argentina con una gira distinta, pensada desde otro lugar, lejos del ruido, los fuegos artificiales y la grandilocuencia que domina buena parte de la escena musical actual. Esta vez, la apuesta es clara: intimidad, cercanía y canciones desnudas.
Después de su última visita en 2024, cuando presentó Sinvergüenza, su último álbum, Pascual Cantero —tal su nombre real— vuelve en marzo con una gira acústica que recorrerá varias ciudades del país. Buenos Aires, Rosario, Córdoba, Mendoza, Chapadmalal y Mar del Plata forman parte del itinerario argentino, que suma seis fechas en total, además de presentaciones en Montevideo y Chile.
“Siempre el público argentino es un regalo”, dice sin dudar en una entrevista con Pogo de Rock. “Esa efusividad, ese cariño, esa manera de estar en los shows… uno vuelve con muchas ganas”. No es una frase de compromiso: Muerdo tiene una relación sostenida con Argentina y lo demuestra regresando, una y otra vez, a escenarios que ya siente propios.
Una gira distinta, por decisión y por accidente
La particularidad de esta gira no está solo en los destinos, sino en el formato. Muerdo se subirá al escenario acompañado por un solo músico, algo que no ocurría desde hace muchos años en su carrera. Acostumbrado a giras con banda completa y a escenarios de festivales, el cambio fue casi accidental.
“Todo surgió en España, a finales de noviembre. Tuvimos un problema con los trenes y tres músicos no pudieron llegar. Tuvimos que hacer el concierto en un formato muy reducido… y nos encantó”, recuerda. Lo que parecía una solución de emergencia terminó convirtiéndose en una revelación artística. “Ahí dijimos: hay que hacer una gira así”.
El resultado es un espectáculo profundamente íntimo, donde la conexión reemplaza a la expansión. “Tiene menos que ver con lo espectacular y más con la fidelización, con la conexión profunda”, explica. En escena, ambos músicos se multiplican: guitarras, teclados, percusiones, vientos, coros. Una experiencia sonora austera pero rica, donde cada decisión cuenta.
Canciones desnudas, sin maquillaje
Despojar las canciones de su vestimenta original no es un gesto menor. Implica exponerlas. “Si una canción funciona con una guitarra y una voz, es porque es una buena canción”, sostiene Muerdo. “No hace falta meterle fuego de artificio”.
El sonido cambia, claro. No es lo mismo una banda de seis o siete músicos que un dúo. Pero la esencia permanece. Para Muerdo, lo que manda son las canciones, la voz y la poética. Este formato, lejos de exigirle más, le abre posibilidades nuevas: más libertad escénica, más margen para improvisar, para hacer silencios, para cambiar estructuras sobre la marcha. “Con una banda eso es imposible. Acá sucede esa magia de la libertad creativa”.

Escribir desde el mundo y desde adentro
Mientras gira, Muerdo también escribe. Siempre escribe. Y motivos no faltan. El contexto global —crisis migratorias, gobiernos belicistas, retrocesos sociales, crisis climática— atraviesa inevitablemente su obra. “Hay material para muchos discos y muchos libros. Algunos hechos darían incluso para películas de terror”, dice con ironía amarga.
Estados Unidos, Argentina, Europa: los escenarios cambian, pero las tensiones son globales. Sin embargo, su escritura no se limita a la denuncia. También hay espacio para lo íntimo: el enamoramiento, los procesos personales, el fuero interno. “Todo lo que uno escribe está atravesado por la época que vive. El artista es un cronista de su tiempo, es inevitable”.
Ya hay canciones nuevas en proceso y, si todo fluye, espera comenzar a publicar material hacia fines de 2026.
Valores antes que ideologías
Muerdo recorre países con realidades políticas distintas y públicos atravesados por contextos muy diversos. Su posicionamiento, dice, no pasa tanto por la ideología como por los valores. “Solidaridad, respeto, identidad, ecología, defensa del territorio. Eso es lo que atraviesa mi música y eso es común en cualquier lugar”.
Con especial cuidado cuando se trata de América Latina, evita caer en discursos condescendientes o intervencionistas. “Ya ha habido demasiada injerencia extranjera. No me corresponde venir a explicar la política de otro país”. Prefiere hablar desde la empatía y el respeto, consciente de que no vive esas realidades en carne propia.
Fama, éxito y libertad
Hace tiempo dijo que no le interesa ser famoso, sino respetado. Hoy lo reafirma. “La fama es una consecuencia negativa del éxito. Es un precio que se paga”. No salir en televisión ni vivir bajo el foco permanente le permite algo invaluable: intimidad y libertad.
Libertad para caminar por la calle, para equivocarse, para vivir… y para componer sin presión. “Yo escribo por necesidad, como un proceso terapéutico. No escribo para hacer hits ni para sumar streams”.
Sobre la inteligencia artificial, es claro: la usa en la vida cotidiana, pero no en su mundo creativo. “El ser humano necesita el placer de escribir canciones, aunque sean malas. Eso no lo reemplaza nada”.

Volver al centro
Para Muerdo, no falta amor en el mundo: falta ponerlo en el centro. En una época marcada por el individualismo, la virtualidad y la construcción constante de una imagen, cree que nos estamos alejando de lo esencial. Aun así, mantiene la fe en la humanidad. “Todo es cíclico. Volveremos a encontrarnos”.
Esa búsqueda atraviesa también esta gira. El público que asiste, dice, va en busca de esa conexión. Y la encuentra. “La gente sale del show sintiéndose mejor, más conectada consigo misma y con los demás. Ese es el objetivo”.
En tiempos de sobreestimulación, Muerdo propone lo contrario: volver a lo pequeño, a lo humano, a la esencia de la música. Una persona tratando de comunicar algo.
Si hubiera que definirlo en un diccionario, lo dice sin grandilocuencia: “Muerdo: música ligada al viaje y a la sensibilidad humana”.
Y con eso alcanza.










