La música internacional atraviesa horas de profundo pesar tras la confirmación de la muerte de Perry Archangelo Bamonte, guitarrista, tecladista y una de las piezas fundamentales en la historia de The Cure. El músico falleció a los 65 años, luego de una breve enfermedad, dejando una huella imborrable en una de las bandas más influyentes del rock alternativo y gótico de las últimas décadas.
La noticia sacudió tanto a fanáticos como a colegas de todo el mundo. Bamonte no fue una figura mediática ni un protagonista ruidoso, pero su aporte artístico fue decisivo para definir el clima, la textura y la profundidad emocional que caracterizaron a The Cure en distintos períodos de su carrera. Su muerte marca el adiós a un músico silencioso, elegante y esencial.

Nacido en Londres en 1960, Perry Bamonte construyó su vínculo con The Cure desde abajo, lejos de los reflectores. En 1984 se incorporó al equipo técnico de la banda como roadie y técnico de guitarras. Aquella experiencia, muchas veces ingrata y poco visible, le permitió conocer desde adentro el funcionamiento de una banda que ya comenzaba a consolidarse como referencia global. Con el tiempo, su talento, compromiso y sensibilidad musical lo acercaron al núcleo creativo del grupo.
El salto definitivo llegó en 1990, cuando Bamonte fue invitado a integrarse oficialmente a The Cure tras la salida de Roger O’Donnell. Desde entonces, su rol fue tan amplio como versátil: guitarrista, tecladista y ocasional bajista de seis cuerdas. Más que reemplazar a alguien, Bamonte aportó una nueva capa sonora, sumando matices que enriquecieron el universo musical de la banda.
Durante los años noventa y comienzos de los 2000, Bamonte participó activamente en álbumes clave como Wish, Wild Mood Swings, Bloodflowers y The Cure. Su estilo no buscaba el lucimiento individual, sino la construcción de climas: acordes envolventes, líneas sutiles y una sensibilidad melancólica que dialogaba a la perfección con la voz y la lírica de Robert Smith. Su guitarra no gritaba, sus teclados no saturaban; acompañaban, sostenían y amplificaban la emoción.
En los escenarios, su presencia fue igual de determinante. Bamonte formó parte de extensas giras internacionales y de cientos de conciertos alrededor del mundo. Para el público, su figura representaba estabilidad, coherencia y una conexión genuina con el espíritu de The Cure. No necesitaba gestos grandilocuentes: su música hablaba por él.
En 2005 dejó la formación estable del grupo, pero nunca se desvinculó del todo del universo Cure. Siguió ligado a la música y mantuvo una relación cercana con sus ex compañeros. Por eso, su regreso en 2022, en el marco de la gira Shows of a Lost World, fue recibido como un acontecimiento cargado de emoción. Bamonte volvió a subirse a los escenarios junto a la banda para una serie de conciertos históricos, demostrando que el vínculo artístico seguía intacto.
Ese regreso tuvo un valor simbólico profundo. No se trató solo de nostalgia, sino de una reconciliación musical y emocional. Bamonte volvió en plenitud, aportando su experiencia y sensibilidad a una banda que sigue dialogando con distintas generaciones. Su última etapa con The Cure fue celebrada como un cierre luminoso de una carrera marcada por la coherencia y la pasión.
La confirmación de su muerte generó una inmediata ola de homenajes. Fans de todo el mundo compartieron recuerdos de conciertos, discos y momentos personales ligados a su música. También músicos y artistas destacaron su aporte silencioso pero decisivo, subrayando su profesionalismo, su calidez humana y su capacidad para enriquecer un proyecto colectivo sin imponerse nunca por encima de él.
The Cure expresó su dolor por la partida de Bamonte
La banda recordó a Bamonte como una persona tranquila, intuitiva y profundamente creativa, subrayando que su ausencia deja un vacío difícil de llenar, tanto en lo musical como en lo humano. Para The Cure, Perry Bamonte no fue solo un integrante más: fue parte de una familia artística que construyó un lenguaje propio durante décadas.
La muerte de Perry Bamonte no solo significa la partida de un músico talentoso, sino también la despedida de una forma de entender la música: comprometida, sensible y alejada del ego. Su legado vive en cada canción que ayudó a moldear, en cada acorde que acompañó silenciosamente a millones de oyentes y en la memoria colectiva de quienes encontraron en The Cure una banda sonora para sus propias emociones.
Hoy, el mundo de la música lo despide con respeto y gratitud. Perry Bamonte ya no está, pero su sonido —discreto, profundo y eterno— seguirá resonando.





