Juanse volvió a pisar el Teatro Flores como se hace con los escenarios que importan: sin pedir permiso y con el rock por delante. El histórico frontman de Ratones Paranoicos ofreció un show intenso, filoso y sostenido en un set list demoledor.
Nada de nostalgia edulcorada ni gestos para la tribuna. Juanse salió a tocar rock and roll, con un repertorio pensado para mantener el pulso alto durante toda la noche.
El set list al piso: una hoja de ruta sin maquillaje
La imagen es clara y potente: el set list apoyado en el suelo del escenario, a la vista, sin pantallas ni teleprompter. Canciones anotadas, ordenadas, decididas. Ahí estaban “Sucia Estrella” y “Damas Negras”, marcando desde el arranque que la noche no iba a ser tibia.
El recorrido siguió con “Solo una vez más” y “Energía”, dos temas que funcionan como motor emocional del show, antes de meterse de lleno en terrenos más ásperos con “Rock del Pedazo” y “Nada voy a dar”, ejecutados con nervio y convicción.












































































Flores entendió el mensaje
El público del Teatro Flores respondió desde el primer acorde. No hubo que explicar nada: ese público entiende el código. “Pesado Burdel” y “La esquina del sol” encontraron una recepción inmediata, con la sala ya completamente encendida.
El show avanzó sin fisuras con “Rock del Gato”, “Cowboy” y “La Nave”, en una seguidilla que sostuvo la intensidad y confirmó que el repertorio estaba pensado para no aflojar nunca.
Un repertorio que no negocia identidad
Lejos de armar un show desordenado, Juanse apostó por una estructura sólida, donde cada canción cumple un rol. “Enlace” y “Una noche no hace mal” aportaron aire sin bajar la tensión, mientras que “Ya morí” y “El Centauro” devolvieron el filo justo cuando hacía falta.
El set list dejó claro que Juanse no vive del recuerdo, sino de una identidad que sigue vigente. No hay impostación ni nostalgia vacía: hay canciones tocadas desde el presente.
El tramo final: rock sin anestesia
La recta final del show fue directamente al hueso. “Rock de la calle” y “Destruida Roll” sonaron con crudeza, seguidas por “Sigue girando”, que funcionó como punto de comunión total con el público.
El clima ya estaba arriba cuando apareció “Ruta 66”, uno de esos momentos donde el Teatro Flores se transforma en un bloque compacto de gente cantando, saltando y acompañando sin fisuras.
Libertad, cierre y mensaje
El tramo final incluyó “A dónde está la libertad” y “Para siempre”, elegida para cerrar una noche que no necesitó fuegos artificiales ni discursos grandilocuentes.
Juanse se despidió como llegó: con rock, con actitud y con canciones que siguen funcionando porque no están pensadas para la moda del momento, sino para durar.




















































































































































































































