
Por Daniel Accornero
En el marco del ‘Sale el Sol Tour’, el rosarino ofreció ante un Movistar sold out una propuesta dividida en dos actos: una despedida íntima y teatral de su disco conceptual 2025, seguida por una celebración masiva de sus grandes éxitos.
Había algo eléctrico en el aire del Movistar Arena, una tensión silenciosa que precede al trueno. No era solo la expectativa de ver a Fito Páez; era la sensación de presenciar el cierre de un capítulo vital. El rosarino subió al escenario no como un simple intérprete, sino como un narrador lúcido, cargando sobre sus hombros el peso de «Novela», su disco conceptual de 2025, listo para despedirlo antes de que el mundo musical girara hacia el nuevo horizonte de «Shine».
Pero lo que sorprendió primero fue la voz. En un momento donde muchos artistas arrastran las cuerdas vocales tras años de gira, Fito brillaba con una nitidez cristalina, proyectando cada sílaba con una potencia que parecía desafiar la física del estadio. Estaba en un punto cumbre, en ese raro instante donde la técnica se funde con la emoción pura y el cuerpo responde sin reservas al alma.
A las 21.30, cuando los focos cortaron la oscuridad y revelaron su figura, no hubo fanfarrias vacías. Solo una confesión íntima que resonó como un juramento: «Siempre me gustó tener una vida licenciosa». Y luego, la clave de la noche, dicha con la calma de quien sabe que está terminando una historia hermosa: «Me pareció hermoso poder contar una historia de amor: despidamos ‘Novela’, un cuento de amor en tiempos de pulsión de odio». Y así fue…
Acto I: La Novela se cierra (El Set List Conceptual)
Tal como anticipó, la primera parte de la noche estuvo dedicada íntegramente a la despedida de “Novela”, que sonó completo por última vez. Fue una puesta integral —la misma que deslumbró en el Teatro El Círculo de Rosario en marzo— desarrollada por Max Rompo, donde Fito desplegó un imaginario teatral y desbordado, cargado de referencias a un circo multicolor y rockero. Las canciones dialogaron con las locuciones de Lorena Vega, cuya voz funcionó como hilo conductor de la obra, profundizando el carácter conceptual del repertorio.

La narrativa comenzó con fuerza desde el primer acorde. “Universidad Prix” abrió las compuertas de este universo onírico, estableciendo el tono académico pero surrealista de la historia. Inmediatamente, el corazón latió con “El Amor”, una balada que sentó las bases emocionales de la trama. La tensión subió con “Brujas Salem de Prix”, introduciendo elementos de misterio y fatalidad, seguidos por la dualidad oscura de “Maldivina y Turbialuz”, personajes que parecían salir de un sueño lúcido.
El ambiente se volvió nostálgico y campestre con “Cuando el circo llega al pueblo”, evocando la llegada de lo extraño a lo cotidiano, mientras que “Naná / La Siesta” ofreció un respiro íntimo, casi maternal, antes de sumergirse en la crudeza urbana de “Cruces de Gin en Sal”. La energía cambió bruscamente con el ritmo frenético de “Jimmy Jimmy”, seguida de la introspección solitaria de “Nobody Knows” y la vulnerabilidad expuesta en “Miss Understood”.
La violencia estética y romántica estalló con “Balas y Flores”, un clásico recontextualizado dentro de la novela, dando paso a la extrañeza cotidiana de “Superextraño” y la carga familiar de “Herencia”. La actuación alcanzó picos dramáticos con “Modo Carrie”, “Love is Falling Over My Heart” y la crítica social aguda de “Argentina es una Trampa”, temas que mostraron la faceta política y existencial del álbum.
La primera mitad culminó con una escalada emocional brutal: “Infierno en la Tierra” sacudió el arena, seguido por la liberación aérea de “El Vuelo” y la resignación moderna de “Aceptémoslo”. El clímax narrativo llegó con “El Último Apagón”, simbolizando el fin de una era, para luego resurgir con la esperanza de “El Triunfo del Amor” y la necesidad vital expresada en “Los Corazones Necesitan Amar”. La tragedia personal se pintó con “Julius Perdiéndolo Todo”, hasta que, finalmente, el horizonte se iluminó con “Sale el Sol” y “Esperanzas y Tormentas, cerrando el ciclo conceptual con una mezcla de optimismo y realismo desgarrador.
Acto II: El Sale el Sol Tour
Luego de ese primer acto profundamente narrativo y experimental, el show mutó hacia el espíritu celebratorio del “Sale el Sol Tour”. Con una puesta y visuales a cargo de Sergio Lacroix, Fito volvió al formato que lo convirtió en una de las figuras más trascendentes de la música popular argentina. Aquí, la experimentación cedió paso a la conexión pura, repasando más de una hora de clásicos fundamentales de su carrera.
“11 y 6”, “Mariposa Tecknicolor”, “Ciudad de pobres corazones”, “A rodar mi vida”, “Al lado del camino” y “Brillante sobre el mic” fueron algunas de las canciones que desataron la ovación permanente de un estadio que cantó cada palabra a una sola voz. Fue un ejercicio de memoria colectiva, reafirmando una vez más el vínculo único entre Fito Páez y su público, donde cada grito era un reconocimiento a décadas de historias compartidas.

La banda que acompañó a Fito en esta odisea musical estuvo integrada por Diego Olivero (bajo, guitarra, teclado y coros), Gastón Baremberg (batería), Juan Absatz (voz, teclados, guitarra y coros), Juani Agüero (guitarras y coros) y Emme (voz y coros). A ellos se sumó la sección de vientos conformada por Ervin Stutz (trompeta y flugelhorn), Alejo von der Pahlen (saxo alto y tenor) y Santiago Benítez (trombón), quienes aportaron capas de riqueza sonora tanto en la parte conceptual como en los hits.
Brillante, intenso y emocional, Fito volvió a demostrar arriba del escenario su enorme capacidad para reinventarse sin perder identidad: un artista capaz de convivir entre la experimentación estética y el cancionero popular más inoxidable. Con cuatro Movistar Arena agotados y una convocatoria que no deja de crecer, ya se encuentra a la venta una nueva y quinta función en Buenos Aires, programada para el lunes 29 de junio. De esta manera, el “Sale el Sol Tour” continúa expandiéndose mientras Páez se prepara para un nuevo capítulo artístico con el lanzamiento de “Shine”, dejando atrás “Novela” no como un final, sino como un prólogo glorioso.






