
Con entradas agotadas y una convocatoria multitudinaria, Los Decoradores volvieron a convertir al Teatro Flores en el epicentro de la mística redonda
Hay bandas que ofrecen recitales. Y hay otras que construyen rituales. Lo que viene haciendo La Kermesse Redonda desde hace años pertenece claramente al segundo grupo. Este fin de semana, el proyecto encabezado por exintegrantes de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota alcanzó una marca histórica: 50 shows en el Teatro Flores, uno de los escenarios que terminó convirtiéndose en su casa natural.
La celebración llegó en medio de un presente extraordinario. Las fechas anunciadas para el 29 y 30 de mayo agotaron localidades y volvieron a demostrar que la conexión entre La Kermesse y el público ricotero está lejos de apagarse. Al contrario: sigue creciendo generación tras generación.





















































La Kermesse Redonda: mucho más que una banda homenaje
Detrás de La Kermesse están nombres fundamentales en la historia de Los Redondos: Sergio Dawi, Semilla Bucciarelli, Tito Fargo y Hernán Aramberri. Lejos de construir una propuesta nostálgica, el grupo encontró una identidad propia basada en mantener vivo el espíritu de una obra que sigue atravesando décadas y públicos distintos.
Cada presentación funciona como una ceremonia colectiva donde las canciones recuperan fuerza, actualidad y sentido. No se trata solamente de tocar clásicos. Se trata de recrear una experiencia emocional que para miles de seguidores sigue siendo irreemplazable.
El Teatro Flores, un territorio ricotero
Con el paso de los años, el Teatro Flores se transformó en uno de los puntos de encuentro más importantes para el universo redondo. La relación entre el recinto y La Kermesse se fortaleció función tras función hasta convertir cada fecha en una cita obligada para los fanáticos.
Las imágenes que suelen repetirse en cada show son parte de una postal reconocible: banderas, remeras históricas, familias enteras compartiendo la misma pasión y un pogo que reúne a distintas generaciones bajo un mismo repertorio.
Esa mezcla quedó reflejada en múltiples crónicas y también en las redes sociales, donde los seguidores describen cada fecha como una experiencia colectiva que va mucho más allá del recital. Incluso en comunidades online vinculadas al rock nacional, muchos asistentes destacan el clima de encuentro y pertenencia que genera cada presentación de La Kermesse.
Un repertorio que atraviesa generaciones
La fuerza del proyecto también se sostiene en la riqueza del cancionero redondo. Temas como “Juguetes Perdidos”, “Todo un Palo”, “Un Poco de Amor Francés”, “La Bestia Pop”, “Mariposa Pontiac” o el inevitable cierre con “Ji Ji Ji” continúan funcionando como himnos capaces de movilizar a miles de personas.
Lejos de perder vigencia, esas canciones parecen encontrar nuevas lecturas en cada presentación. Y ahí aparece uno de los mayores logros de La Kermesse: convertir el legado de Los Redondos en una experiencia viva, dinámica y actual.
50 funciones y una historia que sigue creciendo
El número impresiona por sí solo. Alcanzar 50 shows en el Teatro Flores no representa únicamente una estadística; es la confirmación de un fenómeno cultural que mantiene intacta su capacidad de convocatoria.
Mientras gran parte de la industria musical gira alrededor de tendencias pasajeras, La Kermesse Redonda sigue construyendo algo mucho más difícil de sostener: una comunidad.
Por eso cada nueva fecha agotada no se vive como un logro comercial, sino como una reafirmación de pertenencia. El público no va solamente a escuchar canciones. Va a reencontrarse con una identidad, una historia y una forma particular de vivir el rock argentino.
A más de dos décadas del final de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, la llama sigue encendida. Y después de 50 noches en el Teatro Flores, La Kermesse dejó algo claro: el ritual todavía está lejos de terminar.






